Deportes

Colombia en Juegos Olympicos

MARIANA PAJÓN: BICICROSISTA COLOMBIANA QUE HA DEJADO EN LO MÁS ALTO DEL PODIO EL NOMBRE DEL PAÍS.

Las autoridades de los Juegos Olímpicas continúan otorgándole reconocimiento internacional a Colombia. En un país lleno de talento humano, el deporte puede convertirse en escenario de superación y reconciliación

Colombia desde que participa en los Juegos Olímpicos, viene demostrando voluntad y capacidad para superar sus propias marcas. Este deseo se hace evidente en la tenacidad y el profesionalismo con los que los deportistas nacionales sin importar su edad afrontan cada disciplina. Las olimpiadas han sido una gran ventana en la cual el país ha mostrado sus talentos al mundo. Así como los sucesos más importantes de la historia reciente se han visto reflejados por el deporte nacional, la lucha de hombres y mujeres de muchos rincones del país, se han impuesto la responsabilidad de llevar progreso y reconocimiento a sus familias y territorios.

Es innegable que aunque aún queda mucho talento por explotar, año tras año se han venido abriendo nuevas oportunidades en deportes en los que no conocíamos la propia competencia dentro de nuestras fronteras. Las cifras de la presente década lo demuestran, de los Juegos de Pekín 2008, en donde el país tuvo 67 representantes, pasamos a Londres 2012, con un total de 104 competidores, un aumento de más del 35% en tan solo cuatro años. En Río 2016 la tendencia siguió en alza, los 147 atletas nacionales en esta edición representan un aumento del 29% respecto a las Olimpiadas de Londres. La tenacidad del deportista colombiano es una verdad histórica. Los primeros Juegos Olímpicos en los cuales participó el país, Los Ángeles 1932, se desarrollaron incluso antes de la creación del Comité Olímpico Colombiano, el cual fue aceptado oficialmente por el Comité Olímpico Internacional, (COI) hasta 1948.

En esa primera juego la voluntad y entrega del boyacense Jorge Perry lo llevaron a ser patrocinado por el COI aunque Perry no logró finalizar la prueba de atletismo en la que se desempeñaba, recibió una medalla al mérito por parte de la organización y sentó las bases de lo que sería un constante crecimiento cimentado en la innegable capacidad física de los nuestros. Las primeras preseas olímpicas para Colombia llegaron en los juegos de Múnich 1972, con las actuaciones del tirador Helmut Bellingrodt y los boxeadores Clemente Rojas y Alfonso Pérez. La primera medalla de oro para Colombia llegó por parte de la pesista María Isabel Urrutia en Sídney 2000, un hecho, de trascendencia singular consolidando al deporte como un gran vehículo para la superación y el auto-reconocimiento.

La voz nuestra, el sudor nuestro

El mensaje fue claro en ese entonces, una persona que trabaja y vive en las mismas condiciones difíciles que la mayoría de los colombianos, también puede llegar al oro olímpico. Con disciplina, dedicación y mucho sacrificio (tuvo que bajar 20 kilos en cuatro meses), María Isabel Urrutia se convirtió en el símbolo de muchos como ella, que se preparan desde niños, esperando una oportunidad para demostrar que son ganadores por naturaleza. El triunfo de esta mujer abrió una seguidilla de resultados internacionales en los últimos tiempos. En las más recientes ediciones de los Juegos Olímpicos deportistas como Jackeline Rentería, Rigoberto Urán, María Luisa Calle; y en Río 2016 Óscar Figueroa, Yuberjén Martínez, Caterine Ibargüen, Luis Javier Mosquera, Mariana Pajón, Carlos Alberto Ramírez, Yuri Alvear e Ingrit Valencia, han desfilado por el podio Olímpico en diversas categorías.

Cada nueva victoria de un atleta nacional es un espacio para que el pueblo colombiano se hable a sí mismo. El lugar de éxito que ganan los deportistas, consagrados como figuras de importancia nacional, es para la gente de la comunidad en la que crecieron; para los entrenadores que apostaron por ellos desde un comienzo, para las familias que los criaron, los barrios, compañeros y rivales que también quieren ser escuchados. En más de una ocasión, los atletas olímpicos colombianos han demostrado gran consciencia y sensibilidad frente a las necesidades de sus comunidades y acompañantes de práctica deportiva. Con la cobertura de los medios de comunicación después de una victoria, llega la oportunidad para que el mismo gobierno y todo el país se entere de primera mano de los acontecimientos y de la vida misma de los participantes, y así mismo de las regiones más apartadas de nuestra geografía.

“Se lo dijimos cuando ganó esa medalla olímpica: Mariana, vamos a construir la mejor pista de supercross del mundo”. Esas fueron las palabras del Presidente Juan Manuel Santos al inaugurar la pista “BMX Mariana Pajón” en Medellín, una necesidad de muchos jóvenes en Antioquia que así como Pajón, buscan espacios para convertirse en deportistas de alto rendimiento. Como la de Mariana, María Isabel Urrutia y Óscar Figueroa tras su victoria en Río, muchas voces olímpicas se han sumado a la petición de que aumente el apoyo por parte del gobierno, y crezcan oportunidades para el talento colombiano.

El presente y el futuro

Río de Janeiro 2016 no fue la excepción. Colombia acumuló en los juegos más fructíferos de toda su historia tres medallas de oro, dos de plata y tres de bronce: en levantamiento de pesas, salto triple, ciclismo BMX, judo y boxeo. Además de las medallas acumuladas, Colombia llegó a su máxima consecución de diplomas olímpicos y terminó ubicándose en la posición 23 en la tabla general de los juegos, liderada por Estados Unidos. Pero dentro de este panorama de triunfos y oportunidades, es importante escuchar la voz de quienes nos brindan tanto orgullo patrio, para así apostarle a un futuro lleno de muchas más victorias en Tokio 2020. Nadie conoce mejor las necesidades de su entorno que quien lo habita diariamente.

En cada región hay jóvenes atletas entrenando bajo sus propias condiciones, trabajando para ganarse la vida así como lo hizo María Isabel Urrutia en un Call center en su natal Valle del Cauca, esperando para ser escuchada y para que el triunfo aporte en la mejora de esas condiciones. El crecimiento del país a nivel deportivo, reflejado en las olimpiadas, es exponencial si se le compara con el de las grandes potencias en el mundo. Por ejemplo, Estados Unidos, el país que lidera la medallería olímpica de verano en toda la historia, aumentó desde los juegos de Los Ángeles 1932, en un 14.44 % el número de deportistas (de 474 a 554), mientras que Colombia desde la misma fecha hasta la actualidad supera el 99% (de 1 a 147) en términos estadísticos.

Todo ese gran aumento en la participación deportiva, que como nos probó Río 2016 otorga mayores oportunidades para consagrarse, se debe ver como una meta a largo plazo. Así se ha intentado en el país desde la creación del Comité Olímpico Nacional y con el apoyo de los entes que coordinan la actividad deportiva a nivel municipal y nacional como Coldeportes. El talento nato del atleta nacional, sostenido en políticas públicas que permitan y además fomenten la práctica de su disciplina, se convierte en una fuente renovable de competitividad y victorias, las cuales a su vez influyen en la construcción de una identidad colectiva más positiva. La cabeza de Colombia permanece en alto gracias a nuestra gente.

El privilegiado lugar de reconocimiento que ocupa el país en los canales del deporte internacional, no se hizo de la noche a la mañana. Con cada gota de sudor se ha trazado esta historia, con fuerza, golpes, caídas y esfuerzo, cargando el peso propio y el de toda una nación, soñando todos los días con estar un poco más cerca del Olimpo, intentando convertirse en los héroes de la mitología.

La historia del fútbol colombiano

Ante el ferviente fanatismo al fútbol y el deseo de ganar cada partido que se disputa, surge una pasión que genera una identidad de hinchas, técnicos y jugadores en la cancha de juego, brotando alegría, angustia, impotencia y entusiasmo pero ¿Cómo se inicia la historia del futbol en Colombia?

“El fútbol es un deporte que mueve masas, transmite pasiones, une pueblos, crea historias y además las cuenta; recrea héroes y villanos; es una religión que no tiene ateos” como lo diría el periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano. El fútbol es alegría, tristeza, amor y pasión; aunque no parece ser tan importante, la vida no sería lo mismo sin él.

En nuestro país la historia la crearon gigantes, que libraron contiendas contra los colosos clubes de Argentina, Brasil y Uruguay, campeones de copas libertadores y mundiales de clubes. Los triunfos colombianos fueron mínimos y solo reposan en las vitrinas cuatro copas internacionales, de tantas que se disputaron. Tres Copas Libertadores (Nacional en 1989 y 2016 y Once Caldas en 2004) una Sudamericana (Independiente Santa Fe en 2014), sin mencionar torneos como la Copa Merconorte (Nacional en 1998 y 2000; América de Cali en 1999 y Millonarios en 2001) o la Copa Conmebol, en la que se logró un subtítulo, el de Independiente Santa Fe en 1996 frente a Lanús.

Aunque son solo tres los clubes colombianos que se ufanan de ser campeones del continente, la historia data grandes participaciones en torneos internacionales. Desde los años 70´s hasta los 90´s, los clubes colombianos lograron ocho finales, aunque solo se consagró campeón Atlético Nacional, la importancia de los oncenos cafeteros fue fundamental para tejer la historia internacional. Los recientes triunfos Santa fe en la Copa Suramericana y de Nacional en la Libertadores, consolidan el poderío de los clubes colombianos en Latinoamérica. Este éxito se debe a la apuesta por proyectos deportivos a largo plazo, a la inversión que cada equipo ha realizado y a la buena gestión empresarial; desde los patrocinios pasando por la publicidad y la conformación de plantillas ganadoras, las cuales han generado dividendos y fluidez económica.

La historia se comenzó a escribir en 1978 con el Deportivo Cali, bajo el timonel de Carlos Salvador Bilardo. Los “Azucareros” llegaron a la cúspide, pero su rival era un coloso, de esos equipos que solo se enfrentan para hacerlos caer como David a Goliat. Pero el aclamado equipo Argentino, Boca Juniors sepultaría al Cali con un contundente 4-0 en el global. América hacia delirar con sus grandes incorporaciones y exhibiciones deportivas, pero eso no fue suficiente. Perdió contra Argentinos Juniors en 1985 y River Plate en 1986. La de 1987, con Peñarol, fue quizás la final más dolorosa para la afición.

Se pensaba que: “La tercera es la vencida”, en un momento pareció que el sueño continental se hacía realidad, pero el balón caprichoso no lo quiso así y se escabulló en el fondo de la red americana en el último minuto del partido para así lograr el desempate. En 1996 “los escarlatas” se enfrentaron a un viejo conocido, el famoso River Plate, quienes salieron victoriosos en una serie que terminaría con un resultado de 2-1, creando así el mito de la ‘Maldición del Garabato’.

Por otro lado, para el Atlético Nacional fue la consagración de un sueño, una celebración que se apoderó de Colombia, un eterno festejo, que una y otra vez se gritaría en la capital de la montaña. Los dirigidos por Maturana, enfrentaron en aquella oportunidad al “decano” del fútbol paraguayo Olimpia, llegando a la tanda de penales, donde el salvador fue el arquero Rene Higuita, coronando al primer campeón continental de Colombia en 1989. Seis años después los “verdolagas” llegarían a una nueva final, esta vez contra Gremio, querían repetir la proeza de hacerse con su segundo título continental, pero estos impidieron el acto solemne y se coronarían campeones de esa edición.

El Deportivo Cali cerró el siglo XX queriendo romper la utopía y ser campeón de la Libertadores, pero el Palmeiras se atravesó y como en un relato de tragedia griega, dejaría al Cali sin un trofeo que exhibir. El Once Caldas en 2004, un equipo no muy ostentoso, se batió en tierras extranjeras frente a grandes rivales,  dejándolos en el camino. En una grandilocuente final, contra un majestuoso y favorito Boca Juniors que venía de ser campeón del mundo frente al Milán el ‘blanco blanco’ sorprendió y conquistó la cima de América convirtiéndola en toda una epopeya.

A esa epopeya se sumó el capitalino Independiente Santa Fe consagrándose campeón de la copa sudamericana en el año 2015, y por último Atlético Nacional, repite la sagrada victoria de la Copa Libertadores en 2016. Los dos títulos más importantes de Latinoamérica se quedaron en manos de colombianos, quienes han contagiado con su fútbol a la región, y los campeonatos intercontinentales. Uno lo ganó Santa Fe, que lo consagró como el primer equipo colombiano en levantar un título de esa categoría, venciendo por la mínima diferencia al Kashima Antlers en la Suruga Bank y Atlético nacional, ante el mismo rival cayó por (3-0) terminando como el tercer equipo del mundial de clubes.

Una de las claves para consolidar este éxito, fue convertir a los equipos en “empresas organizadas” para robustecer las economías, poder invertir generando dividendos y paralelamente obtener títulos en competencias locales e internacionales.  Todo se sustenta en el ranking del escalafón de la Federación Internacional de Estadísticas (IFFHS), en la que la liga colombiana ocupa el puesto undécimo, brindándole un reconocimiento mundial.

Los jugadores colombianos ya no tienen la necesidad de pasar por la liga argentina, brasileña o mexicana para ser adquiridos por equipos de ligas prestigiosas en otros continentes. Además, los buenos resultados que generan los jugadores en las ligas del viejo continente y en el seleccionado nacional, han ayudado a que clubes poderosos fijen sus miradas en el torneo colombiano.

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